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ilustración de effy beth

Mag-da-le-na. Magdalena. Es es mi firma. Con esas sílabas confirmo que ya repasé este baño. Después le toca a la encargada venir a revisar y poner la última firma que falta. Me gusta este baño, de todos los baños del edificio es mi preferido. Tiene un ventana grande que ilumina de forma particular lo inmaculado, la fina blancura que dejo tras de mí, el inodoro con luz propia. Me gusta también porque es un baño de chicas. De chicas con uniforme celeste, de esas no se ven mucho por acá, salvo que tengan este uniforme bordó de la empresa Ultralimp. En general, los que llevan uniforme celeste son los varones. La dueña de este baño tiene ese uniforme, militar de Fuerza Aérea, pollerita, rodete y tacos negros, todo eso. Muy prolija es. Me hace acordar a mí.

Siempre que limpio el baño me quedo un rato aprovechando la luz en el espejo, me depilo las cejas, me maquillo. Me imagino mis días de casada, preparándome para ir a misa con mi marido. Más que un deseo, es la forma que tienen los domingos a la mañana para mí. Nací y crecí en Reconquista, la perla del norte santafesino. Mi familia orgullosa y tradicional no se perdía nunca la cita con Dios.

Yo era la mayor de cuatro hermanos, el peor hermano mayor que se puedan imaginar. Nunca me gustó salir al patio a pelotear, yo era la que se quedaba en la sombra, mirando la nada. En la foto soy el pibe flacucho sin forma. Para ir a misa mi mamá me pedía siempre que por favor me ponga la camisa celeste que me había planchado, que no la haga pasar vergüenza. No hacía falta que insista, yo me ponía el manto celeste y aceptaba mi mandato, para afuera era prolijo y para adentro yo era la virgen.

“Magdalena no es la prostituta que Jesús limpió, es la primera que se arrepintió.” Así me contaba el cura un domingo después de misa y yo, fascinada, me imaginé la vida de esa muchacha que conocía el desenfreno y se enamoró de la virtud.

Cuando era chico me comunicaba con Dios. Siempre me sentí un tubo, un cuerpo vacío que los quehaceres de cada día iban llevando de acá para allá. Esa noche, la primera vez que sentí que Dios se metía en mi cabeza, encontré la Verdad. El Camino, la Verdad y la Vida. Yo era el tubo sagrado por el que pasaban sigilosamente los mensajes de Dios.

“Magda cuando termines te espero en el vestuario, parece que mañana nos van a hacer quedar hasta tarde, después de la fumigación quieren que repasemos el comedor gris para una ceremonia.”, me dijo la encargada. “Sí, Claudia, como digas, apenas termino le meto pique para el vestuario”.

El papa Juan Pablo II se estaba muriendo, estaba muy enfermo, y yo estaba muy metida en la religión, el manto celeste era mi uniforme de domingo y toda la semana ansiaba sacarme el guardapolvo marrón para ponérmelo. Me daba bronca que en el colegio el uniforme de las mujeres sea guardapolvo celeste y el de los varones marrón. Ninguna sabía usar el manto mejor que yo, yo era la más virgen de todas. Mi comunicación con Dios tenía una constancia de dos meses, más o menos.

Uno de esos días, en realidad, una de esas noches, empiezo a sentir un mensaje importante. Desde mi cama veía el pasillo iluminado muy cálido, la luz prendida para mi hermana más chica, porque yo ya no le tenía miedo a los fantasmas. Me meto abajo de las sábanas para concentrarme y funciona, empiezo a sentir con mayor claridad. Dios me cuenta sobre Jesús, me dice que en sus días por la Tierra conoció a una muchacha, de pelo muy largo y morocho, de la que se enamoró. Me dijo, también, que si su misión en la Tierra no hubiera sido entregarse para salvarnos, se habría casado con ella y formado una familia. Me dijo que Él tenía mucha curiosidad por ver qué habría pasado.

Le dije que hay una película sobre eso, que puede mirarla. Hizo como que no me escuchó y me encomendó una misión: “Vas a dejar de ser varón y te llamarás Magdalena. Cuando estés lista, cuando todo esté preparado, yo lo voy a saber y te voy a enviar al Espíritu Santo. Será la semilla de la Nueva Era.”

La Capitán quiere usar el baño y me pregunta cuánto me falta.“Falta un rato, señora, vaya al otro.” Yo, el del manto celeste, la Elegida. Me tomé muy enserio mi misión. Ser travesti en Reconquista era muy complicado. Conocí algunas chicas de la rotonda, lloré la muerte de varias. Pero yo era muy virgen para vivir en Reconquista, como no podía conseguir otro trabajo ahí, me vine a la gran ciudad.

Mi misión se expandió. Todo en la ciudad estaba sucio, la imagen del terror era ver mi manto celeste secándose en la soga de la terraza de la pensión con el fondo gris, los edificios y todo ese humo. Nunca pude salir a la calle de noche, no pude hacerme muchas amigas. En la esquina de la pensión había una capilla. Al principio iba muy seguido y sentía que mi vida estaba ordenada. Pero Dios no volvió y yo me empecé a olvidar… Tener hambre es cosa seria. Para calmarlo, solía ponerme a limpiar las paredes de la pensión. Nada en la pensión era blanco, salvo las paredes. Y yo las dejaba mucho más que blancas: inmaculadas.

Un día, una chica que estaba en la pensión me preguntó si no quería trabajar en la compañía de su hermano. Una empresa de limpieza que era contratada por el estado. Sueldo en blanco, vacaciones, obra social.

Y así empecé, me levanto todos los días a las 5 de la mañana convencida de que es todo parte del plan.

“¿Puedo pasar ahora?”
“Sí, ya está, señora.”



***Este cuento es un adelanto de Te dan a elegir un caniche y elegís un unicornix, antologia del Taller disidenxias, que se presentará el jueves 21 de diciembre a las 21.30hs en Feliza (Av. Córdoba 3271)
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sobre la autora |

Daniela Prado. Cali, Colombia. 1994.

Estudiante de Lic. en Literatura en la Universidad del Valle. Co Fundadora y Editora de la Revista y Marca creativa: Bebé Dinamita. Publicó el libro Big Bang (2015). Publicada en múltiples antologías como: 90 revoluciones de la editorial Mecánica Giratoria (Ecuador), Palabras que migran del Programa Editorial de la Universidad del Valle, en Hot Babes de la editorial Ojo de Pez (México), la antología virtual El Ojo del Huracán y la Antología de poesía del siglo XXI (en edición bilingüe) de la Editorial LOreille du Loup.

Escribe y publica sus poemas y collages en la Fan Page de Facebook: Sublingual - Blog.
facebook.com/sublingualdp/
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“Pero una larga cinta de seda 
ata a los amantes a sus amores respondidos”

“Solo que entre las estrellitas de los yunques
yo veía otra cinta que no estaba en la bobina”

Dolly Skeffington



Es la única forma de calentarse. Es invierno y la estufa de la casa está en el pasillo. La puedo ver tirada sobre las baldosas frías, boca arriba. Las calzas pescadoras le marcan las piernas. La pelvis ajustada. Los pies se desprenden de las ojotas, las uñas están pintadas de colores brillantes. Cruza los brazos sobre la cabeza, la remera se levanta y deja ver un vientre chato y bronceado. Yo me tiro al lado, cruzo mis piernas flacas entre las suyas. Le rodeo un brazo por la cintura, la piel ya está caliente. Apoyo mi cabeza sobre sus tetas enormes y enredo los dedos en su cadenita dorada como excusa para tocar más piel —caliente, blanda, morena— entre el escote. Sus manos huelen a lavandina y el pelo, siempre húmedo, a crema de peinar barata.
Ella, María, es la chica que me cuida y yo una nena degenerada que empieza a tener sus primeras calenturas con su mucama paraguaya. Así pasamos las tardes cuando “la patrona”, mi mamá, se va a trabajar. 
Decido contactarme con el propietario de la casa donde crecí, en la esquina de Thames y Gorriti, una casa gigante que mi mamá compró muy barata cuando se separó de mi papá y vendió al triple diez años después, cuando Palermo empezó a ser el Palermo de bares y locales de ropa. La memoria está en los detalles, en la superficie de las cosas y sus pliegues. A pesar de toda la remodelación que hicieron sus nuevos dueños, mantienen la estufa a gas del pasillo que conecta la cocina con lo que era mi cuarto. Ahí la veo, destartalada, con la llamita que va del azul al naranja. Es chiquita pero poderosa: tiene el tamaño de un clítoris y arde tanto que podría prender fuego todo en un descuido.
La memoria puede funcionar como un territorio de intervención política. Una vez leí en un artículo que la activista chilena Nelly Richards usaba esa categoría, y decía que el feminismo no sólo debe actuar en las calles sino identificar aquellas zonas que pueden ser interpelables. Cuando recorro el espacio de mi casa, el territorio que se abre es el recuerdo de mis primeras pajas. Vuelvo ahí porque me da la impresión de haber dejado un tesoro enterrado, inmaculado frente a cada instancia que repetitivamente insistía con que mi deseo debía ser obligatoriamente heterosexual.
Cuando no estamos tiradas revolcándonos en el piso al lado de la estufa, estamos en la cama mirando telenovelas que pasan en Telefé y Canal 13. Ella se calienta con el churrazo de Pablo Echarri mientras chupa sin parar la bombilla del tereré. Cuando aparece el espacio publicitario, va a recargar el termo a la cocina. Mis pulsiones animales me hacen rodar boca abajo, los muslos se me tensan. Estiro las piernas, aprieto lo más que puedo mi cuerpo contra el colchón. Meto la mano en el pantalón y los pies se me arquean en punta. Paso por adentro de la bombacha, estampada con ositos y moñitos, y empiezo, dibujando círculos en el clítoris, que todavía no tiene ese nombre. No tiene ninguno. Escucho sus ojotas sobre las baldosas, los ruidos de la cocina. Sé que tengo poco tiempo y me apuro. Entierro la cabeza entre las almohadas y cierro los ojos. La imagino de espaldas, el culo redondo, la tanga que se deja ver marcada en las calzas. Ella golpea la cubetera contra la mesada. Quiero que llegue y se acueste conmigo, que me pase los cubitos de hielo con la boca por la espalda. Se agita cada vez más mi respiración, me alerta de nuevo el sonido de la heladera que se abre y se cierra. Saco la cabeza y espío: el televisor prendido todavía en publicidad y el agua que corre en la canilla de la cocina. Me vuelvo a hundir y ya casi, ya casi acabo y vuelvo a imaginarla atrás mío, que se me acerca al cuello despacito y me agarra fuerte del pelo para hacerme una colita tirante. El interruptor de la cocina se apaga con un click y de nuevo las pisadas en esta dirección. La siento cada vez más cerca y en cuestión de segundos acabo con ella, yo en la cama y ella a unos metros, invadiendo el cuarto con su olor a perfume berreta.
En cada página web de pornogragía hay muchos videos agrupados bajo la categoría “mucama”. En cada sex shop, el disfraz. Entiendo que, en general, las pajas de los varones se acoplan al ritmo de un porno que se constituye por y para su deseo. No sé cuánto tenga que ver mi fantasía sexual infantil con aquella pornográfica y masculina. Pese a su fetichismo clasista, encuentro en mis primeras pajas un pliegue resistente a todas las imágenes y enunciados que me construían sexualmente por aquella época. Se esperaba de mí no solo que no fuera un sujeto deseante, sino que en todo caso me gustaran los chicos de mi grado. Como cualquiera, tuve una formación de sexualidad heteronormativa obligatoria. Pero la terrible magia del tabú quiso que mi imaginación tuviera otros recorridos, más libres y más secretos. Recluidas en el ámbito doméstico, encontré otras afectividades que me encendían. No hablo de amor ni de una experiencia erótica vivida tan explícitamente; hablo de roces y agitaciones subterráneas que, como una cinta invisible, hacían funcionar otros imaginarios posibles. 
Una vez, María me descubrió:
Voy a decirle a tu mamá cómo rompés todas tus bombachas. 
Desde ese día se desencadenaron las asperezas. La circulación de los cuerpos cambió sutilmente y fueron necesarios algunos desplazamientos. Cuando lavaba la ropa, yo me sentaba cerca y la miraba. Entre sus prendas, que frotaba con jabón blanco en la pileta, las que más me gustaban eran sus tangas sintéticas de colores chillones y su remera favorita, que usaba para trabajar, con la cara de Rodrigo “El Potro”. Cuando ella se iba, los fines de semana, yo aprovechaba y revisaba sus cajones. Como en un cofre de talismanes, ahí estaban: todas sus bombachas que yo agarraba imitando su gesto, capturándolas entre mis manos y haciéndolas desaparecer en mi puño apretado. 
El 24 de junio del 2000, María llegó llorando. Tenía la cara roja y mientras se limpiaba las lágrimas corría de un lado al otro el delineador negro. El Potro había muerto esa madrugada en un accidente de auto en la Autopista Buenos Aires–La Plata. Se había enterado a la mañana, saliendo de su casa, por el noticiero. Tenía puesta la remera de Rodrigo, que estaba desfigurado, estirado entre sus tetas enormes y empapado por su llanto incontenible. Así como me ofendía que ella le prestara más atención a Pablo Echarri que a mí mientras mirábamos la tele, esto me rompía el corazón. María, traidora, me mostraba que las mujeres teníamos que llorar y desvivirnos por los hombres que amábamos. Entre tanta confusión, había perdido el registro de si María me excitaba o si quería ser como ella.
—¿Cómo querés tener las tetas cuando seas grande? —le preguntaba a mi mejor amiga, Jazmín.
—Normales, como las de mi hermana.
—Yo quiero que sean gigantes, como las de María.
Un año después, en 2001, en plena crisis, María anunció su partida. Iba a casarse con su novio en Paraguay y, dada la situación económica del país, iban a probar suerte allá. Ese último mes en casa no le saqué los ojos de encima. Me sentaba cerca mientras fregaba el piso, la ayudaba a decidir los preparativos para el casamiento. Dormimos juntas varias noches, acurrucadas en su cuarto, una habitación que quedaba subiendo la escalera hacia la terraza. Hacía frío y teníamos que abrazarnos para calentarnos. En la oscuridad podía acercarme e inhalar profundo el perfume de su pelo largo. Nunca fueron tan placenteros el olor a crema de peinar, la lavandina y el jabón blanco. 
Cuando volvió de Paraguay de visita, trajo una filmación de su casamiento. Puso el VHS y nos acostamos en mi cama. Después de un pitido, las barras de color. Aparece María, ahí está, más hermosa que nunca, muy maquillada atrás de un velo blanco. Se ve a sí misma enmarcada por la tele que miramos juntas todas las tardes. Esta es la última vez. La fiesta es en un jardín, en la casa de unos parientes de su actual marido. El sol la ilumina a contraluz haciendo brillar el velo de una forma tan intensa que parece una de las santas que adornan su cuartito. De este lado de la pantalla, nuestros pies se rozan, ella sonríe e intuyo que va a llorar pero no lo hace. Allá, en la fiesta, baila feliz y da vueltas entre la gente. De fondo, “Sé que volverás”, un tema de Damas Gratis del disco Para los pibes, lanzado ese mismo año. Hoy me encuentro triste/ con una herida/ cuando me engañastes/ no me querias./ Pero yo se que volveras/ llorando por mi cariño/ que solo me dejastes/ no me olvido, dice la voz de Pablito Lescano.  
María, cómo olvidarla. “La chica que me cuida”, así se llamaba para mí. De alguna forma, se volvió una santa en el recuerdo, patrona de todos los deseos lésbicos que aparecen cada tanto en mí e interrumpen las narraciones clásicas y heterosexuales. La chica que me cuida, que protege mis búsquedas disidentes porque, como alguna vez le escuché decir a una escritora argentina, “quién dice que la sexualidad es una sola”. María, musa y traidora, ese día prometió dejarme algo suyo. Le pedí la remera de Rodrigo, que hoy descansa en el cajón de mis bombachas, nuestros talismanes. 
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La disposición de los recitales siempre fue igual: los hombres adelante y las mujeres atrás, nuevos paradigmas y visibilizaciones están abriendo el debate para que estas prácticas sean cuestionadas, en especial por quienes participan activamente del ambiente del Rock, fuimos al encuentro de Santiago Motorizado para charlar estas cuestiones.
por Nadia Sol Caramella


Las cosas cambiaron muchísimo desde la ultima vez que entrevistamos a Santiago por los diez años del primer disco de El mató. A finales de 2014 publicamos “¿Querías un milagro John? te presento a El mató un policía motorizado”, un recorrido por la historia de la banda que incluía fotos de archivo y el primer demo de “Sábado”, diamante musical que compartimos en Sound cloud para el deleite de las y los fans de El mató. Cambió el panorama político, la economía y el ambiente del rock, el único cambio loable de este último tiempo, gracias al fortalecimiento del feminismo que dio visibilidad a los abusos dentro de los ambientes de la música y el arte en general. Nos acercamos una vez más a Santiago Motorizado para hablar de este y otros temas: 

Santi, ¿cómo te llevas con las actitudes machistas  que se dan en el rock?

Siempre odie el machismo, pero sobre todo esa figura afectada del rockero macho y estrella. De chico odiaba a los Guns y amaba a Los Ramones, por lo menos por eso que me llegaba de ellos: Joey como anti héroe super tímido y deforme. Después mis amigos, Laptra en general tiene un espíritu diferente a lo clásico del rock y eso es hermoso, se va replicando.  Igualmente, qué se yo, La ola que queria ser chau también sentía que era parte de una nueva generación alejada de viejos estándares de rockeros, pero descubrimos que eran una porquería igual. Eso me rompió el corazón y me llevó a aprender también que hay que tener cuidado siempre, no todo es lo que aparenta. Ni el que parece bueno puede garantizar nada, ni el boludo que se disfraza y se hace el rockero es decididamente malo.

En recitales como los de Bestia Bebé se sigue replicando una idea de futbolización que es rara por cómo ocupamos el espacio en los recitales: los varones siguen adelante imponiendo su corporalidad. 

Hace mucho que no veo recis de Bestia desde el público, pero puede ser, no hice análisis de eso. Bestia bebé es una banda muy futbolera, no son machistas ellos, el futbol es machista, eso es verdad.

A mí en ese sentido siempre me pareció muy lúcido Nekro cuando escribió “Fuck male supremacy".

Un grande, además hace y dice esto hace décadas, cuando ni siquiera estaba en los primeros planos de discusión. Un héroe. Fue muy resistido por el hardcore de la época que era muy machista, lo veían como un puto raro.

Si, imagínate Buenos Aires Harcore.

Nunca me interesó el hardcore, solo Fun People y BBK después. Además lo conocí en persona y es un crack, un chabón muy relajado, cariñoso, capo, generoso y sobre todo, muy muy gracioso. 

¿Vos te cuestionás sobre tu lugar en relación a las pibas y otras identidades que te rodean?

De una. Soy re cuidadoso con todo el mundo. Uno en la posición de “líder” tiene que ordenar, conciliar, dar consejos, mil cosas. Y todo esto sumado a que un ambiente artístico es más sensible que lo normal. Entonces aprendí a ser súper cuidadoso en las formas y en ser impecable al hablar. ¡Y a hablar también! Soy re tímido y solo el hablar es un ejercicio que tuve que aceitar. Igual creo que tengo que aprender un montón, pero estoy tranquilo de que doy todo. Con respecto a las cuestiones de género, Morita me enseñó mil cosas desde que nos conocemos, boludeces mínimas, pero en los detalles hay universos enteros. Soy mejor gracias a ella. No solo en cuestiones de género, en todo sentido de la vida, ella siempre me guió.

¿Vos creés que están surgiendo nuevas voces y circuitos de música creado por pibas?

No hablaría de circuitos puntuales, pero sí nuevas voces. Me siento orgulloso de que las mujeres que son parte de Laptra tengan protagonismo, presencia y compromiso con su arte, con la política, con la vida.

La otra vez dijiste que los artistas no estaban obligados a hacer política, pero hiciste un dibujo de Santiago Maldonado que significó un gesto político.

La obligación es algo pesado. El arte no tiene la obligación de hacer política, no está en la definición de arte eso contemplado. Igual de alguna manera u otra siempre la política está presente. Yo siento que frente a este monopolio de la información/desinformación desde redes sociales, ya sean artistas o no, hay que tener el compromiso de tratar de equilibrar esa cuestión. Aunque sea, como mínimo, tener compromiso en casos extremos como el de Santiago Maldonado.

Claro, me interesa eso que decís de cómo circula la información.

Tratamos también de retuitear mucho porque creemos qué hay casos que mejor sean difundidos por quienes los conocen de mejor manera. Somos muy cuidadosos al dar nuestras ideas, un mal mensaje es tan peligroso como un mensaje no dado.

Ahora que ya pasó la presentación de La Síntesis O´Konor y se viene Festilaptra, ¿cómo es tu estado de ánimo?

Bien, fue un año muy intenso. Y estar con amigos todos juntos celebrando es lo mejor. 

¿Podrías hacer una selección de canciones escritas por mujeres en el rock actual que te conmuevan?

Dale, no son bandas exclusivas de chicas, pero si cantan chicas:

A 1200Km - Las Ligas Menores



Falso Verano - Srta Trueno Negro




Lobo - Rosario Bléfari



Cuerpo - Nubes en mi casa



Dona Clarinha - Samira Winter



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por Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte


Nosotras proponemos

Ante la ola de denuncias que visibilizan las formas de acoso sexual que condicionan las relaciones de poder en el mundo del arte, nosotras, trabajadoras del arte, elaboramos un compromiso de prácticas feministas. Este documento, al que invitamos a adherir –tanto a personas como a instituciones--, busca crear conciencia sobre las formas patriarcales que, como una membrana invisible, moldean el ejercicio del poder en el mundo del arte. Este compromiso se identifica, en primer lugar, con la histórica exclusión y desvalorización de las artistas mujeres, lesbianas y trans, pero sus propuestas pueden ser asumidas por todxs.


-Promovamos, exijamos y respetemos la representación igualitaria en el mundo del arte (50% en lugar del actual 20%).

-Trabajemos por la equidad representativa en los cargos directivos de las instituciones que manejan, deciden y generan políticas en el ámbito del arte.

-Seamos conscientes de que las conductas machistas no son solamente administradas por varones heterosexuales: todxs, incluso las mujeres, podemos ser extremadamente patriarcales. Revisemos nuestras prácticas desde una ética feminista. La misoginia está en el inconsciente colectivo y tenemos que desarmarlo dentro de nosotrxs mismxs.

-Analicemos la posición de las mujeres y cuerpos feminizados en relación con cuestiones de raza, clase social, edad, geografía, orientación sexual, identidad de género y otros vectores diferenciales, y participemos activamente para subvertir las estadísticas discriminatorias y excluyentes que dominan en el mundo del arte (blanco, de clase media o alta, joven, con contactos en el universo establecido del arte).

-Evitemos caer en la trampa de la acusación personal del “mal carácter”: las instituciones y las figuras de poder siempre quieren convencernos de que pedir lo justo te vuelve una desubicada, o directamente una “loca”.

-Evitemos desgastarnos en la promoción de la carrera de nuestros compañeros varones antes que en las de las compañeras mujeres. Cultivemos relaciones de trabajo respetuosas e igualitarias con los varones de nuestro medio sin dar lugar a los micromachismos.

 -Evitemos que nos desautoricen desde conductas de superioridad paternalistas e invitemos a la revisión del lenguaje que utilizan nuestros colegas varones para neutralizar nuestros argumentos.
-No sintamos ni dejemos que nos hagan sentir pudor por los temas que nos interesan y nos involucran, la vergüenza es una de las estrategias patriarcales que acallan nuestra posibilidad de investigarlos.

-Escuchemos y compartamos experiencias, porque lo personal siempre es político. Contra al corporativismo machista, proponemos la solidaridad entre mujeres (sororidad).
-Busquemos crear tanto como podamos. Que no nos asuste la ambición. Crear más es una forma de atentar contra la desigualdad de género.

-Permanezcamos atentas al saqueo de nuestras propias ideas y prácticas artísticas cuando pasan desapercibidas en nuestras manos y cobran notoriedad en las de artistas a los que las instituciones clasifican como varones.

-Cuestionemos con claridad el concepto establecido de “carrera artística”, pautado por la dedicación excluyente a la realización de la obra con fines comerciales. Como mujeres sabemos que la continuidad de nuestra obra está condicionada por la maternidad y las tareas de cuidado de los entornos familiares y afectivos que se nos imponen. Hagamos del suspenso y el retorno al hacer artístico un valor específico y relevante en nuestras prácticas.

-Deroguemos el concepto de genio, de maestro y el canon del “arte bueno” regulado desde parámetros patriarcales. Eliminemos la noción de “ojo experto” capaz de entender, casi por gracia divina, qué es la calidad artística.

-Sintamos el orgullo de que nos denominen “artistas feministas” o “historiadoras del arte feministas” cuando en ellas cuestionamos el sistema hetero-patriarcal dominante.

-Investiguemos la obra de las artistas y de las teóricas e historiadoras. Revisemos el poder que en nosotrxs ejercen las genealogías patriarcales y valoricemos los saberes de las mujeres.

-Nunca nombremos a las artistas mujeres como las mujeres de artistas varones, vinculándolas a genealogías masculinas. Investiguemos y destaquemos su identidad, trayectoria y el lugar que ocupan en el mapa de la creatividad artística.

-Acudamos a los encuentros nacionales de mujeres de cada año, propongamos sesiones sobre arte y feminismo.

-Analicemos y aprendamos del carácter históricamente colectivo, participativo, colaborativo y solidario del feminismo y de su relación con otras expresiones culturales subalternas.

-Participemos para que la actual iniciativa de reivindicación de artistas mujeres, lesbianas y trans no reconocidas en su tiempo trascienda el hecho de ser una moda coyuntural y momentánea.

-Promovamos modos de percepción basados en un pensamiento inclusivo, en los afectos y la equidad, contrapuestos a la ética de la exclusión y el individualismo como valores patriarcales.

-Denunciemos públicamente que la exclusión de la obra de las artistas mujeres produce una censura sistémica de nuestras sensibilidades, nuestras poéticas y formas de conocimiento, silenciados para los públicos que se ven limitadxs a percibir, conocer y reproducir formas masculinas de ver y estar en el mundo.

-Comprendamos y hagamos comprender a nuestros colegas varones que no es necesario haber sido clasificadx como mujer para suscribir este compromiso feminista en el mundo del arte. Los principios de equidad y de respeto pueden ser aplicados, predicados y respetados por todxs.

-Consideremos que el compromiso feminista parte de la experiencia y la conciencia generales acerca de la discriminación y de la opresión (de las mujeres y de otrxs sujetos sociales desjerarquizadxs por razones de clase, de raza, identidad de género u orientación sexual): el feminismo es un momento dialéctico emancipador para todxs.

-No seamos cómplices de ninguna forma de violencia machista, desde la más visible hasta la más sutil y poco perceptible. Busquemos soluciones no punitivas pero efectivas: nosotras podemos protegernos y proteger nuestros espacios. Estemos para nosotras.


Esta propuesta se activó ante la partida inesperada y prematura de la artista argentina Graciela Sacco, quien persistentemente confrontó muchos de los comportamientos que aquí se describen.  

El 7 de noviembre de 2017 establecimos la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte desde la que promovemos el compromiso de prácticas feministas y llamamos a la comunidad artística global a organizar el Paro Internacional de Mujeres el 8 de marzo de 2018 en el mundo del arte y sus instituciones.


Para adherir enviar firmas a: https://www.change.org/p/nosotrasproponemos-gmail-com-nosotras-proponemos-we-propose
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por Enrique Decarli



El primer libro de Julieta Dal Verme, publicado este año por Editorial Santos Locos es, ante todo, un libro honesto. No sé muy bien qué quiero significar al escribirlo, salvo que fue ésa la primera impresión, intransferible, que definí al terminar de leerlo, un rato antes de la presentación, a la que no fui. Entonces me di cuenta: de cada uno de sus poemas algo me había traído. Algo se había quedado conmigo; se había filtrado, para siempre (meses después lo confirmo), hacia este lado del mundo: los chicos que juegan en la calle y parecen reales. El paso del tren que, a la vez, te lleva dentro. Las ganas de empezar el gimnasio, de dejar de fumar. Algo chiquito, incondicional, como un buen amigo.

En los poemas de Geometrías incompletas lo viscoso y asimétrico no se ve. Está oculto en la médula poética y por razones desconocidas no queremos que las cosas pasen. No queremos que el libro termine. Que se detenga y se quede con nosotros, un rato más, hasta que alguien nos conteste, qué hay detrás de las puertas que no podemos abrir.

Igual que cualquier hijo de vecino, algunos actos consumados al boleo por personas lejanas, me ubican hoy en este cuerpo. Pero en mis años de estudiante de conservatorio, sentado al piano, solía visitar la idea de que enfrente mío, disimulada bajo teclas blancas y negras, estaba aletargada toda la música que alguna vez sería. A ese pensamiento volví con el poema “A tientas”. 

Hay algo que me gusta de la poesía de Julieta. Hace blanco en lo incompleto. Lo aparentemente inanimado, desconocido o impreciso de cualquier punto en una ventana. Esta mirada trascendente no excluye, por supuesto, cualquier contexto cotidiano; es más, se mixturan en belleza las plantas de casa, un campamento de niños, la mejor tarde de sol a orillas del río, las mascotas, y nótese el detalle: hasta en el ejercicio ritual de sacarse una prenda de vestir (no voy a decir cuál) Julieta encuentra poesía.    

El poema "Dudas" no se puede explicar. No se puede contar ni resumir. Hay que leerlo, de principio a fin. Darle tiempo a que geste la incomodidad que evoca, el veneno que cancelará el ritmo en el punto medio, exacto, de donde nos encuentre.

Geometrías incompletas es un libro precioso que encierra poemas desconocidos. Cosas que sabíamos de chicos y ya no sabemos. Cosas que solo saben, nuestros amigos poetas. 


Rafael Calzada,
25 de octubre de 2017.
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ESPECIERO

Las plantas medicinales en las que confiamos serán reemplazadas
ni melisa manzanilla o cedrón
quedan fuera para cuando el agua hierva y el cuerpo se estabilice
Dentro queremos plantar las semillas que nos prohibieron
de alguna forma dejar que un valle dé sus primeras flores este invierno
aprovechar las texturas de tu blusa cuando se desabotona
aunque te diga que no dejo los lugares como libros sobre el velador
Me senté a ver las montañas hasta aprender el sonido de los pájaros
El tiempo es el único mapa en el cual no podemos poner pie atrás
A baja luz pienso en las cosas que me fuiste nombrando
o en las manchas de pintura que crean animales en la pared
Como dijiste es mejor que no nos preguntemos tanto
Para dormir tenemos todo el cansancio que nos suma la ansiedad
así que deja que recoja estos platos por ti
esto no es una bolsa de hierbas que se hunda hasta calmarnos.

PEQUEÑAS AMPOLLETAS DE COLORES

Hasta que encontramos una voz para decir lo que falta
la palabra es un ticket de ida y vuelta
Es a la máquina a lo que realmente tememos
En Quintay había un puerto ballenero
y las montañas se deshacían cada verano
Tú habrás pensado en cómo silba el viento en los pinares
la tierra sacudida a contrapelo hasta su desgaste
En Quintay una vez entré a una habitación con luces y espejos
que imitaban el cielo donde nací
la pureza de esa imagen no la encuentro en este punto
Nada es posible de ser asegurado en torno a las corrientes que nos envuelven
Bajo el océano se escucha avanzar el canto de las ballenas.

DIMINUTA ESCALA 1:1

Difícil dormir sin esa forma que me dejaste
esa pesca furtiva que hacemos al despertar de improviso
parpadeando como las luces de un árbol de pascua
o es un bosque de linternas en medio del mar
La vi una vez atravesando la línea del ecuador
el barco nos arrastraba a espaldas del viento
tal vez ambos tengamos un amigo dentro nuestro que guarde esos recuerdos
El mío es un niño tímido que juega solo en un jardín
araña la tierra para crear un río falso y siembra cebollas en miniatura
para alimentar a sus soldados
la campaña fue dura y las ramitas de peumo apenas dieron contra la lluvia
el general ha preferido detener todo movimiento
hacer una vida civil en la selva
ese niño los observa deambular con sus capas de agua
escribir cartas frenéticas a sus novias de baúl
Pero cuando esos botes y sus linternas nos rodeaban y las olas los
iban encaramando el mundo se volvió una realidad más vasta y submarina
como cuando ambos soñamos con el otro y nos contamos esas vidas
        en la que nuestros cuerpos están vestidos.


De Litoral Central (Audisea, Buenos Aires, 2017)



[Sobre el autor]

Diego Alfaro Palma (Limache, Chile, 1984) publicó los libros de poemas “Litoral Central” (Audisea, 2017), “Tordo” (Ediciones del Dock, 2016 | Editorial Cuneta, 2014) y “Paseantes” (Ed. Temple, 2009), la plaquett “Los sueños de los sueños de Kurosawa” (Cuadro de Tiza, 2017) y el libro-objeto “Bolsas” (Hojas Rudas, 2017). También realizó la antología de la “Poesía reunida de Cecilia Casanova” (Ed. Universidad de Valparaíso, 2014) y reeditó la “Antología de Ezra Pound en Chile” (Universitaria, 2011). Tradujo “El pensamiento zorro”, prosa de Ted Hughes (Limache250, 2013). Sus ensayos han aparecido en “El horroroso Chile. Ensayos sobre las tensiones políticas en la obra de Enrique Lihn” (Alquimia, 2014) y en revistas de Chile y el extranjero. Su libro “Tordo” recibió el Premio Municipal de Santiago en 2015 y está siendo traducido al inglés por el poeta norteamericano Lucian Mattison.
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A través de una plataforma que comercializa todos los sellos independientes argentinos, Nube de Letras es un proyecto que busca acercar el trabajo de las editoriales que surgieron en los últimos años y abrieron el campo literario. En esa dirección, esta web ayudará a acercar los libros con sus lectores.

por G.Y.



El mercado editorial argentino sufrió una fuerte transformación en los últimos años, con el surgimiento de sellos independientes que no solo facilitaron la posibilidad de publicar para los autores, sino a los lectores a encontrar joyas perdidas. Sin embargo, para las editoriales más chicas la distribución sigue siendo un fuerte problema.

Para solucionar ese inconveniente, Hernán Brignardello, Paula Brecciaroli y Gustavo Gottfried –todos editores integrantes de La Coop- crearon el portal Nube de Letras (www.nubedeletras.com.ar). A través de este sitio web, lectores de todo el país van a poder comprar y recibir en su casa el catálogo de todos esos sellos que en las librerías locales resultan muy difíciles de encontrar. 

En ese sentido, cabe remarcar que sólo en la Ciudad de Buenos Aires existen más de 130 editoriales que pueden describirse como independientes o autogestivas. Si se extiende el muestreo a todo el país, incluyendo zonas densamente pobladas como el Gran Buenos Aires y ciudades del Interior, el número estimativo ronda los 500 sellos.

Si bien muchas editoriales lograron, hace ya varios años, disputar las vidrieras con los grandes grupos de siempre, existen una gran cantidad de sellos que transitan un camino alternativo y subterráneo, donde las ferias y los eventos como las lecturas y presentaciones son las únicas posibilidades de comercializar su catálogo.

“Con esto no queremos decir que hay que abandonar el hábito de recorrer y revisar librerías, porque va a ser imposible dejar se hacerlo para los amantes de los libros. Nube de Letras va a ser la solución para aquellos que no tienen tiempo o no pudieron hallar ese libro que tanto buscaban”, señaló Brignardello a La Primera Piedra. 

Sobre el uso de las nuevas herramientas en el ámbito editorial, remarcó: “Si Internet se usa bien, es un arma que puede potenciar todo el trabajo diario que muchas editoriales realizan. Nube de Letras aspira a ir por ese camino: facilitar las cosas para todos, sobre todo para los lectores”, afirmó uno de los creadores del portal web.

El sitio que aspira a ser una suerte de “Mercado Libre” de libros de editoriales independientes, estará operativo dentro de los próximos días y cuenta con el apoyo Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo del Ministerio de Cultura y promete agilizar algo que en la actualidad muchos reclaman: que cada libro encuentre lo más rápido posible a su lector, por fuera de las diferencias de tamaño y poderío económico de cada editorial.