Una experiencia multisensorial y una muestra de maestría para hacer de una pieza teatral una aventura de escalada, la ascensión como rito de conocimiento, el teatro como fuente de recursos para la imaginación y la materialización del ingenio.  

por Nadia Sol Caramella



Baja el telón, comienza la obra, hace frío. Cuando salís a la calle ese frío toma otro matiz pero eso pasa después, al final. La realidad se presenta como una montaña gigante, llegan alto los que la contemplan. 

Himalaya, la última creación de Juan Fiori, habla de la ascensión a esa montaña, que podría ser la vida, Manaslu o cualquier montaña, lo importante es remitirse al deseo de subir tanto como se pueda y la puesta en duda de ese supuesto, su costado alegórico. Esta obra trata temas difíciles y hondos con humor, pero con la tensión del drama que también subyace en el grotesco. 

Hay un idioma para cada cosa, para cada necesidad, Himalaya encuentra la forma de encausar ese dialogo entre la fantasía, la realidad y la metáfora. El mérito no es solo de la narrativa de la obra, que se destaca por el cambio de escenas, todo pasa muy rápido, sin embargo el espectador sigue el hilo de lo que ocurre, porque del otro lado tensan la cuerda hasta llevarnos a la ascensión de la montaña en los ochenta minutos que dura la experiencia.  

El espacio parece reducido, pequeñísimo, pero a medida que avanza la acción el espacio se abre, se cierra, se transforma, cambia. Uno de los más valiosos hallazgos de esta pieza teatral: una escenografía que sugiere, no condiciona y, sin embargo, hace tangible ese campamento de escaladores y Manaslu, que hasta el final de la obra, imaginamos en el horizonte. Solo le bastan a Federico Dirrheimer y Juan Fiori, un par de lonas grises y ahí están las montañas blancas de hielo, que también son amenaza y tormenta. El futuro interrumpido, por la ansiedad típica de ser humano ante todo.

El conflicto es subterráneo y aunque explote en la cara del espectador se juegan otras cosas más del inconsciente, un formato interesante para explorar en la metáfora de altura la intimidad más honda de quién mira. Una buena apuesta teatral, que logra un cometido titánico: recrear para el público porteño el frío del Himalaya, acompañando esa experiencia de una formidable puesta escenográfica y sonora, la ascensión es la alegoría, el frío glaciar, la realidad. 

funciones
domingos 18hs
Ladran Sancho (Guardia vieja 3811) 

0 comentarios:

Publicar un comentario